Mi primer auto retiro en una cabaña rural en Colombia
Para mi cumpleaños 33 me regalé un viaje en solitario a manera de auto retiro. Busqué una cabaña con el criterio de que estuviera en una zona de bosque, aislada, privada y de clima templado. No busqué por ubicación; estaba dispuesto a desplazarme una distancia considerable siempre y cuando sintiera que el lugar era adecuado para ese momento de pausa.
Busqué en Google “cabaña aislada en Colombia” y conecté rápidamente con uno de los primeros resultados: una cabaña en San Rafael, Antioquia. No tenía ninguna referencia previa de este municipio y tampoco la busqué. Conecté con lo que vi en las imágenes y decidí ir allí: una cabaña ubicada a dos horas caminando por bosque desde una de las últimas veredas del municipio.
Nuestros días están llenos de estímulos, tantos, tan frecuentes y tan adictivos, que la idea de pasar unas horas sin conexión o sin una tarea por realizar puede resultar desalentadora; para algunos incluso desconcertante. Decidí dedicar tres días a estar completamente desconectado y reducir al mínimo las distracciones externas. Hoy sigo considerando que ese auto retiro fue una de las mejores decisiones que he tomado, porque en ese espacio, en ese paréntesis, adquirí un autoconocimiento que hasta el día de hoy me resulta invaluable
Lo que aprendí viajando solo
Durante ese tiempo medité, escribí, dibujé, contemplé el mundo, caminé, fui al río y tomé el sol. Fui parte de ese bosque y, curiosamente, no me sentí solo. Una de las reflexiones más personales que me dejó esa experiencia es que uno nunca está realmente solo, porque ante todo uno siempre se tiene a sí mismo. Confiar en el incalculable valor que tiene esa certeza construye una fortaleza que me acompaña hasta hoy. Ha sido uno de los grandes regalos de mi vida.
La conciencia de saber que no estás solo, que no tienes que buscar ni forzar vínculos con nadie, curiosamente te permite conectar más y mejor con las personas. Las relaciones dejan de surgir desde la necesidad y comienzan a surgir desde la curiosidad genuina por descubrir el mundo y las historias de quienes lo habitan.
Por qué Colombia es un gran destino para viajar solo
Precisamente de eso he descubierto que se trata viajar solo. No únicamente de darse espacio propio, sino también de abrirse a lo desconocido y al azar de la vida.
En mi recorrido por San Rafael tuve la oportunidad de conocer personas que me mostraron lugares increíbles e incluso me abrieron las puertas de sus hogares. Conocí construcciones desarrolladas por ellos mismos utilizando técnicas que jamás había visto antes, profundamente conectadas con el bosque y el territorio rural. Para mí, eso es lo mejor de Colombia: su autenticidad, su diversidad y la generosidad de su gente.
Viajar solo es un regalo que vale la pena darse al menos una vez en la vida, especialmente cuando se realiza en un lugar rural pensado para desconectar y tener tiempo para uno mismo. Para este propósito, Colombia es una gran opción. Es un país con una enorme diversidad de paisajes, climas y culturas. Desde montañas cubiertas de niebla hasta bosques tropicales, pasando por pequeños pueblos llenos de historia y personas dispuestas a compartir una conversación. Esta diversidad también ha impulsado el crecimiento de propuestas de glamping en Colombia, que buscan acercar a las personas a la naturaleza sin renunciar a la comodidad. “
Lo que hemos aprendido de los viajeros en solitario en Casa de la Ruta
Este viaje también me inspiró profundamente en el proceso de seguir construyendo Casa de la Ruta. Durante los últimos años hemos recibido un número considerable de viajeros en solitario, tanto extranjeros como nacionales. Y algo que nos llamó la atención fue que la gran mayoría han sido mujeres.
Viajar sola: una experiencia cada vez más común
No puedo afirmar que exista una única razón para ello, pero sospecho que parte de la respuesta está en el equilibrio que ofrece la experiencia. Las cabañas fueron diseñadas para generar una sensación de privacidad e independencia, mientras que la propiedad cuenta con personas disponibles para brindar asistencia cuando se necesita lo cual genera una sensación de bienestar y seguridad. Además, existen servicios complementarios de alimentación y otras comodidades que permiten disfrutar la naturaleza sin renunciar al confort.
Pero más allá de las cabañas, lo más valioso es el entorno donde estamos desarrollando esta experiencia: un bosque de niebla tropical en el municipio de Zipacón que muchos vecinos trabajamos activamente por conservar.
La conexión entre naturaleza, silencio y bienestar
Es un ecosistema que puede recorrerse con tranquilidad. Un lugar en medio de la naturaleza donde existen rincones para contemplar, escribir, leer, caminar o simplemente sentarse a escuchar el viento entre los árboles. Espacios que invitan a hacer una pausa, a escucharse y a conversar con uno mismo. Espacios para recordar aquello que aprendí durante aquel viaje: que nunca estamos tan solos como creemos.
Con el tiempo comprendimos que esta búsqueda de conexión y bienestar con uno mismo no era algo exclusivamente mío. Era una motivación que aparecía una y otra vez en las historias de nuestros huéspedes.
El origen del símbolo de Casa de la Ruta

Por esa razón, en 2024 rediseñamos nuestro logo para comunicar mejor esa esencia. La figura central es una mujer, símbolo de lo femenino y de la naturaleza que nos rodea. En su mano sostiene una estrella, que representa la experiencia de observar el mundo, contemplar el firmamento y abrirse al asombro. Recibe la luz del sol, símbolo de nuestra conexión con el planeta y con la vida. Todo ello se encuentra enmarcado por un arco que representa la arquitectura: estos espacios diseñados para dar refugio y crear las condiciones necesarias para que ocurra algo sencillo y extraordinario al mismo tiempo: volver a encontrarse con uno mismo.
Aquel viaje que me regalé para mis 33 años terminó siendo mucho más que unos días en una cabaña entre montañas. Fue una oportunidad para comprobar que el silencio no tiene por qué ser un vacío, que la soledad puede ser una compañera transformadora y que detenerse también es una forma de avanzar.
Quizá por eso sigo recomendando viajar solo al menos una vez en la vida. No porque sea una aventura extraordinaria, sino porque pocas experiencias ofrecen un espacio tan honesto para escucharse, observar el mundo con calma y recordar algo que con frecuencia olvidamos: siempre nos tenemos a nosotros mismos.
Y muchas veces eso es suficiente.